Fuera máscaras

Raquel Herrero Alverola

Te gustará este libro porque…

A lo largo de esta obra encontraremos ejemplos de familias cuyo entorno más cercano convierte a las mismas víctimas avergonzadas, mientras sus verdugos campan a sus anchas por la vida por el sólo hecho de que de vez en cuando piden perdón. Con este «noble gesto» lavan sus conciencias para después seguir actuando del mismo modo y manera. Lo que es aún peor. En este círculo vicioso las víctimas, ustedes y yo, nos convertimos, quizás sin darnos cuenta, en cómplices de estos verdugos cuando hacemos oídos sordos a hechos lamentables que todos conocemos y que, por desidia, vergüenza, miedo o simplemente comodidad eludimos. Pero eso sí, lamentamos a sabiendas de que con ello no solucionamos nada. ¿Por qué son las víctimas y no los verdugos las que sienten vergüenza? También haremos hincapié en el argumento insólito de alguna de las víctimas que, a pesar de los pesares, intentan defender o al menos comprender a sus verdugos. En cualquier caso, el principal motivo de este libro es poner mi granito de arena haciendo pública denuncia de hechos que por desgracia no son ficticios o producto de mi imaginación. Por tanto, yo simplemente soy portavoz de lenguas mudas que no saben, no pueden o no quieren hablar.


ISBN: 84-96417-23-9
GÉNERO: Ensayo
ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda con solapas
TAMAÑO: 15 x 21 cm
PÁGINAS: 188

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Raquel Herrero Alverola

Nace en el seno de una familia humilde y numerosa, en un pueblo llamado LA Granja se San Ildefonso. Sus recuerdos de la niñez son en gran medida dolorosos que marcaron sin duda alguna su forma de ser y actuar en la vida. En la pubertad convirtió la escuela en su refugio. Con apenas veinte años recién cumplidos se encontró casada con un hombre con el que solo tuvo una relación de pareja de ocho meses. Ambos necesitaban por entonces cariño y comprensión. En apenas seis años de matrimonio se encontró siendo madre de cuatro criaturas. A ellos y por ellos dedicó su vida desde entonces y hasta el día de hoy. A pesar de todo no cambiaría nada; es una mujer de cuarenta y cinco años dispuesta a recuperar en la medida de lo posible el tiempo perdido.

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